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Celos: ese enemigo oculto

Dicen que quien no los siente no está enamorado. Dicen que son la expresión del amor, o decían, porque, la pareja y el matrimonio de hoy cambió. Sin embargo, el sentimiento es primario y real, muchas mujeres y varones lo sienten y no saben cómo escapar a él. Sin llegar a la posesividad total, hoy muchas personas sienten angustia y miedo de perder al ser amado.

Mucho se ha hablado, escrito y discutido sobre los apasionados sentimientos conocidos como celos. Distintas corrientes psicológicas se han preocupado por analizar en profundidad este sentimiento que a muchos avergüenza y a otros atormenta por ser ellos, justamente, el objeto de desconfianza. En su definición más básica, los celos constituyen aquello opuesto a la noción de confianza. Su presencia en las relaciones de pareja es innegable, ya sea al comienzo, en el curso o al final. Normal para algunos, enferma para otros, este tipo de emoción tiene orígenes específicos así como consecuencias para la interacción de las personas.

Siempre según desde la psicología, los celos son una suerte de mecanismo de defensa, a través del cual la persona se afirma en su relación con el otro, desde una manera algo patológica si pensamos que nadie es “propiedad” de nadie. Estas emociones, al funcionar como un mecanismo de defensa garantizan la permanencia de su pareja y protegen la relación de actuales o potenciales intromisiones.

Dentro de esta emoción existe una subdivisión posible en la que algunos se identificarán o reconocerán a sus parejas: el celoso “retrospectivo”, aquel que se amarga más pensando la ex parejas de su amado/a; el celoso “por las dudas”, quien de la nada destina al otro un comentario preventivo acerca de una hipotética situación de infidelidad; otro muy común es el “posesivo”, quien en cada comentario que intenta ser íntimo o romántico, siempre afirma “mío”o “mía” por la otra persona. También está el celoso policíaco, quien invierte tiempo y hasta dinero en descubrir la clave del correo electrónico de su pareja, chequea el celular cuando el otro se está bañando, etc. La lista podría continuar, pero aquí lo importante es intentar detectar cuándo es un simple comentario o actitud pasajera de una conducta destructiva hacia el vínculo y hacia el otro.

La amenaza latente.
La percepción, sensación o fantasía de que tal fantasma (la infidelidad) puede hacerse real lleva a que la persona tome acciones encaminadas a eliminarla o disminuirla. Las medidas generadas a partir de los celos varían en un amplio rango que va desde ejercer vigilancia sobre la pareja buscando signos probables de que el otro ha establecido una relación paralela, hasta las demostraciones crudas de violencia. La rabia, tristeza y humillación, sensaciones también relacionadas con los celos, motivan un comportamiento que típicamente busca el alejamiento del tercero o la prevención de que la pareja abandone la actual relación.

Un buen tratamiento psicológico ayudará a quien padece de celos, el problema está en que para comenzarlo debería, en principio, reconocer la existencia de este padecimiento. Por eso en principio, reflexionar con la pareja sobre su historia de vida ayudará, en la medida que exista un mínimo de interés de su parte en hacerlo, a comenzar a ver el nudo y desentrañarlo. Como se ve en el psicoanálisis, la relación dual con la madre deja de ser exclusiva porque aparece un tercero como el padre o la ocupación o actividad que ponga una distancia entre ella y el bebé, y es en ese momento cuando puede surgir el comienzo del tema que nos convoca. En este momento el niño percibirá que hay otra cosa más allá de él para la madre, lo cual puede en un ocupar toda su atención. Lo anterior implica ya una relación triangular más evolucionada que la primera dual, lo cual no quiere decir que el niño quede abandonado a su suerte. Se trata más bien de que para la madre el mundo es más que el niño. A partir de entonces los celos del bebé tendrían la finalidad, jamás lograda como en el comienzo, de recuperar el objeto de amor perdido (en este caso la madre) y excluir al rival (padre, trabajo, hobby, etc.). De ahí en adelante ese tercero, estará presente así sea en las fantasías inconscientes (o conscientes) y en los sueños que nunca se recuerdan.

No obstante, existe un punto a partir del cual su presencia se convierte en fuente de problemas y conflictos en las relaciones cotidianas. Se trata de una situación en la cual no se han generado estrategias claras y funcionales ante el vacío asociado al alejamiento de la madre. Lo anterior se proyectaría sobre las interacciones actuales, siendo la figura materna sustituida por la pareja amorosa, mientras que el rival puede ser cualquiera. La existencia perturbadora del tercero real o virtual, se convierte en el centro de los pensamientos del que cela, siendo la infidelidad de la pareja su principal preocupación.

La persona que sufre con lo anterior tiene un claro perfil psicológico asociado que incluye elementos tales como baja autoestima e inseguridad, necesidades altas de estimación y aprobación externas, demanda de ser amado incondicional y exclusivamente, es egoísta y desconfía con frecuencia. Controlar los aspectos físico y emocional de la pareja se convierte en su obsesión, de tal forma que comienza a comunicar mensajes dirigidos a restringir cuestiones como el atuendo que usa el otro, el tipo de personas con el que interactúa (llamadas, reuniones, etc.) y toda actividad que implique para el sujeto que cela una probable situación que fomente la infidelidad.

Ahora bien, para evitar que la pareja alimente sus ideas no reales de infidelidad, es conveniente expresar de manera clara y decidida el cariño y amor que los une, dando así seguridad acerca del vínculo actual a ambos. Lo anterior puede darse sin tener que exponer explicaciones para cada uno de los movimientos y actividades que se hacen a diario. También es importante aclarar cualquier situación que pueda resultar ambigua y que por esto mismo sirva para alimentar la sensación de celos.

Aunque muchos de los problemas que se presentan en la pareja pueden relacionarse con los celos, no todo puede explicarse a partir de ellos. Los celos pueden ser considerados como una manifestación de algo que no anda bien entre las dos personas, algo que puede ser mucho más profundo ya que cada uno en la relación cumple un papel fundamental en la situación presente. Esto ha de considerarse en cada caso por separado.

Además, es conveniente que se articulen las ideas de confianza y amor en la pareja: querer es muchas veces creer en el otro. Por otro lado, es importante que el “celoso” reflexione acerca de su comportamiento, tratando de entender que el hecho de que su pareja tenga amistades y desee compartir tiempo y espacios con éstas no implica necesariamente que haya dejado de amarlo. Un punto adicional importante es la comunicación de las sensaciones de malestar relacionadas con las escenas de celos a la persona que las propicia.

En la medida en que considere que la pareja es un ser humano y no una propiedad se podrá dialogar y establecer estrategias para resolver la actual situación. Y podrá sentir que la presión y la fuerza no sirven de nada en las relaciones sentimentales. El libre albedrío del otro será siempre el mejor aliado y hasta un motivador de un gran amor que crecerá día a día.

 

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